Artículo publicado en la Revista Fertilizar Nº24 año 2012

Autores: Fernando O. García y María Fernanda González Sanjuan IPNI Cono Sur – Av. Santa Fe 910, Acassuso, Buenos Aires, Argentina. fgarcia@ipni.net Fertilizar Asociación Civil, mfgonzalez@fertilizar.org.ar

Introducción: La nutrición de cultivos, y la fertilización en particular, han mostrado una participación creciente en los sistemas de producción de cultivos extensivos en los últimos 20 años. La siembra directa, las variedades e híbridos de alto potencial y el avance en las tecnologías de manejo de los cultivos y su protección, entre otros factores, han dado el marco apropiado para la inclusión de la nutrición en los sistemas de producción. Este crecimiento es evidente al considerar la evolución del consumo aparente de fertilizantes (Figura 1), el cual acompañó la expansión agrícola, contribuyó al incremento de la producción y permitió mejorar los balances nutricionales lográndose incrementos en la relación aplicación/ extracción de 0.14 a 0.43, 0.14 a 0.70, 0.01 a 0.02 y 0.03 a 0.50 entre 1993 y 2011, para nitrógeno (N), fosforo (P), potasio (K) y azufre (S), respectivamente (Figura 2). Otros numerosos aspectos reflejan el rol significativo de la nutrición y fertilidad en la producción agrícola argentina de los últimos 20 años, algunos de los cuales son: la aparición continua de nuevas metodologías de diagnóstico de la fertilidad a partir de los trabajos de grupos de investigación y experimentación (INTA, universidades, organizaciones profesionales y de productores, empresas), la introducción y el desarrollo de nuevos productos fertilizantes y tratamientos biológicos, el incremento de servicios de laboratorios de análisis de suelos, plantas y aguas, la expansión de los servicios de aplicación a nivel local, y la incorporación de tecnologías de aplicación variable y/o por ambiente, entre otros. Todos estos avances nos han llevado a ampliar nuestra frontera desde una agricultura donde eventualmente se evaluaba la decisión de aplicar N y P en trigos del sur de Buenos Aires, hacia sistemas de producción donde evaluamos necesidades de N, P y S, la inclusión de otros nutrientes potencialmente deficientes (boro, zinc, otros) y el uso de microrganismos en los tratamientos de semilla.

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